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Entrenamiento BFR tras la operación de LCA

Qué es el entrenamiento con restricción del flujo sanguíneo, qué dicen los ensayos y las guías tras la cirugía de LCA y por qué se mide la presión del manguito.

Escrito con IA a partir del original en inglés y comprobado dato por dato en una revisión con IA.

Las manos de un fisioterapeuta ajustan un manguito ancho, pegado a la cadera, en lo más alto del muslo de un paciente sentado.
El manguito va en lo más alto del muslo, y su presión se fija a partir de una medición de esa misma pierna, no a ojo.

Basta con leer un poco sobre la rehabilitación del ligamento cruzado anterior (LCA) para encontrarse fotos de gente haciendo prensa de piernas con un manguito ancho sujeto en lo alto del muslo. Es el entrenamiento con restricción del flujo sanguíneo (BFR, por sus siglas en inglés), una de las pocas ideas de verdad nuevas que ha dado este campo en la última década. Y, cosa poco habitual en una idea nueva, ya hay ensayos aleatorizados que lo han estudiado justo en estos pacientes: personas a las que se les ha hecho una reconstrucción del LCA. Eso sí, es un tratamiento que se prescribe, no algo para empezar por tu cuenta.

Si tiene sitio o no en tu programa lo deciden tu cirujano y tu fisioterapeuta. Ellos pueden ver la rodilla, saben qué se le hizo en la operación, y ajustar el manguito les corresponde a ellos, no a ti. A continuación te contamos en qué consiste el método, qué encontraron los ensayos y qué lugar le dan las guías. Es información general, no un plan para una rodilla concreta.

En qué consiste y por qué se entrena con tan poco peso

Se coloca un manguito en lo alto del muslo y se infla hasta un porcentaje calculado de la presión de oclusión de la extremidad, es decir, de la presión con la que dejaría de entrar sangre arterial en la pierna. La sangre sigue entrando, aunque menos. Como las venas quedan más comprimidas que las arterias, a la sangre le cuesta más salir del músculo que está trabajando que llegar a él. Con el manguito puesto, la persona hace ejercicio con pesos mucho más ligeros de los que usaría en una sesión de fuerza normal. El documento de posicionamiento sobre el método, firmado por Patterson y colaboradores, explica cómo se eligen la presión, las cargas y las series, y qué tiene que medir antes el profesional.

¿Para qué tanto esfuerzo? Por el problema que plantean las primeras semanas tras una reconstrucción. Para ganar fuerza suelen hacer falta cargas altas, y una rodilla operada hace pocas semanas a menudo no las tolera. La articulación está hinchada, las cargas permitidas se aumentan poco a poco y la propia articulación «desconecta» en parte el cuádriceps. Esto último es un problema aparte, con su propia explicación y sus propios ejercicios. La restricción del flujo sanguíneo intenta sacarle a un entrenamiento ligero parte del estímulo de uno pesado. En el ensayo británico que describimos más abajo, el grupo con restricción levantaba el 30% del peso máximo que cada persona podía mover una sola vez, y la presión del manguito se fijaba a partir de una medición hecha en su propia pierna.

Una máquina de prensa de piernas con un manguito ancho sobre el asiento y, en el suelo, a su lado, dos discos de peso pequeños y finos.
Con restricción, las cargas son una fracción de las de una sesión de fuerza normal: en el ensayo británico, el 30% de una repetición máxima.

Lo que encontraron los ensayos tras la reconstrucción del LCA

El ensayo más conocido es el de Hughes y colaboradores, realizado en el servicio de salud británico (NHS) y publicado en Sports Medicine en 2019. Participaron veintiocho pacientes a los que se les hacía una reconstrucción con injerto de isquiotibiales, repartidos al azar en dos grupos. Los dos hicieron ocho semanas de prensa de piernas dos veces por semana, es decir, dieciséis sesiones cada grupo, además de la rehabilitación habitual del hospital. Un grupo entrenó con carga alta, el 70% de su repetición máxima (lo máximo que podía levantar una sola vez); el otro, con la carga ligera y el manguito.

El tamaño y la fuerza del músculo mejoraron de forma parecida en los dos grupos. El grupo con restricción tuvo una mayor reducción del dolor de rodilla y del derrame, que es el líquido dentro de la articulación, y una mayor mejora de la función física en general. No se notificó ningún efecto adverso.

Veintiocho pacientes son pocos para un ensayo, así que pesa más la evidencia conjunta de varios ensayos. Una revisión sistemática con metaanálisis de 2026, de Hu y colaboradores, publicada en Orthopaedic Journal of Sports Medicine, reunió seis ensayos aleatorizados con 284 pacientes. Encontró que el entrenamiento con restricción mejoraba de forma significativa el pico de torque del cuádriceps frente a los programas de control, y calificó de moderada la certeza de ese resultado. Los autores concluyeron, con la prudencia que corresponde, que puede ayudar en la recuperación temprana de la fuerza del cuádriceps y de algunos aspectos de la función de la rodilla, trabajando con cargas bajas.

La guía de práctica clínica de Aspetar, publicada en 2023 en el British Journal of Sports Medicine por Kotsifaki y colaboradores, revisó cinco estudios en los que el entrenamiento con restricción y carga baja se añadía a la rehabilitación habitual después de la cirugía, y otros dos en los que se usaba antes de la operación. Su lectura fue que el método podría mejorar la fuerza del cuádriceps y de los isquiotibiales y evitar la pérdida de músculo por falta de uso en la fase temprana, con un efecto grande sobre la hinchazón y sobre el dolor que los pacientes referían durante el entrenamiento.

Conviene tener claro también lo que esta evidencia no cubre. Todos son resultados de la fase temprana: fuerza, tamaño muscular, dolor, hinchazón y función en los primeros meses. Aquí no hay pruebas de que el método acorte la recuperación, cambie la evolución del injerto o reduzca el riesgo de una segunda lesión. Y los ensayos son pequeños.

Qué lugar le dan las guías

Las guías coinciden en verlo como un complemento. La de Aspetar, en su aplicación clínica, plantea que el entrenamiento con restricción y carga baja podría usarse junto con el tratamiento habitual en la fase temprana, y precisa en qué situación encaja: un paciente con la rodilla dolorida o que no tolera cargas altas sobre la articulación. Ese es su papel, ni más ni menos. No es un atajo y no sustituye al programa de rehabilitación.

Tampoco cambia la estructura de ese programa. Las obras de referencia, entre ellas Noyes’ Knee Disorders, el manual que describe cómo se estructura la rehabilitación del LCA, coinciden en que la fase temprana gira en torno a tres cosas: recuperar la extensión, conseguir que el cuádriceps se active y cargar la rodilla de forma controlada y progresiva. Todo ello con movimiento desde los primeros días, como describe la guía de consenso de van Melick y colaboradores. El paso de una fase a la siguiente lo deciden criterios que la rodilla tiene que cumplir, no el calendario ni el material que se haya usado. Un manguito en el muslo cambia cómo se carga una serie de prensa; no cambia lo que la rodilla tiene que ser capaz de hacer antes de empezar la fase siguiente.

Seguridad: dónde es fácil equivocarse

Pocas técnicas de rehabilitación tienen tantos estudios sobre su seguridad. Una revisión bibliográfica de Anderson y colaboradores, publicada en Military Medicine, reunió casos clínicos, encuestas, cuestionarios y ensayos que sumaban 25 813 personas. De ellas, 1672 refirieron algún efecto adverso, alrededor del 6,5%. La mayoría fueron problemas leves y localizados: entumecimiento, mareo o hematomas bajo el manguito.

La revisión recogió también casos publicados de rabdomiólisis, una destrucción del tejido muscular, y algunos efectos graves aislados en personas que tenían además otras enfermedades. Por esos casos, antes de inflar el manguito por primera vez se hace una evaluación previa. El riesgo depende más de cada persona y de sus antecedentes que de la técnica en sí. Conviene saber que los coágulos tras una operación de rodilla son poco frecuentes, aunque se dan, y que tienen sus propias señales, que vale la pena reconocer. Revisar si hay antecedentes de coágulos es una de las cosas que hace el profesional antes de inflar nada.

El otro hallazgo que conviene conocer es menos tranquilizador. En 2025, Korakakis y colaboradores encuestaron a fisioterapeutas que usaban el método y encontraron mucha variación en los aparatos, en la forma de calcular la presión de oclusión de la extremidad, en las presiones aplicadas y en cómo se organizaban las series. Dos tercios lo habían aprendido en un curso corto, y la mitad de ellos no creía que ese curso se basara en la evidencia. Los autores concluyeron que, en gran medida, la práctica no se ajusta a lo que dice la evidencia.

Los ensayos que dieron los resultados de más arriba midieron la presión de oclusión de cada paciente y trabajaron a partir de ella. Una banda elástica apretada a ojo no es la misma intervención. Esa es la diferencia entre lo que se ha estudiado y lo que a veces se hace.

Un pequeño aparato de inflado sobre un banco de la consulta, con un tubo que llega a un manguito ancho de color verde azulado, abierto a su lado.
En los ensayos, la presión del manguito se calculó a partir de la presión de oclusión medida en cada paciente.

Qué papel tiene la app

Si tu fisioterapeuta añade prensa de piernas o extensiones de rodilla con restricción, no las encontrarás en la «Biblioteca de ejercicios», porque forman parte de lo que prescribe un profesional y no de un programa general. Puedes añadirlas a la sesión que corresponda como ejercicio propio en nuestra app gratuita de rehabilitación del LCA para iOS y Android, anotar las repeticiones y el peso que usaste, y apuntar en «Registrar dolor» cómo quedó la rodilla después. Es justo la información que tu fisioterapeuta querrá ver en la próxima cita.

En resumen, y siendo justos, tras una reconstrucción del LCA la restricción del flujo sanguíneo es una herramienta real, con ensayos reales detrás, pensada para un momento muy concreto: las semanas en las que el cuádriceps necesita un estímulo que la rodilla todavía no tolera. Que te la ofrezcan o no depende de tu rodilla, de tus antecedentes y, para ser sinceros, de si tu centro tiene el equipo y sabe usarlo. Si no te la ofrecen, no te estás perdiendo lo que decide tu recuperación: eso lo sigue decidiendo el trabajo de fuerza que haces sin ella.

Las ilustraciones de este artículo se generaron con IA.

Fuentes

  1. Patterson SD, Hughes L, Warmington S, et al. Blood flow restriction exercise: considerations of methodology, application, and safety. Front Physiol. 2019;10:533.
  2. Hughes L, Rosenblatt B, Haddad F, et al. Comparing the effectiveness of blood flow restriction and traditional heavy load resistance training in the post-surgery rehabilitation of anterior cruciate ligament reconstruction patients: a UK National Health Service randomised controlled trial. Sports Med. 2019;49(11):1787-1805.
  3. Hu Y, Guo L, Zeng X, Yuan R. Blood flow restriction training after anterior cruciate ligament reconstruction: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Orthop J Sports Med. 2026.
  4. Kotsifaki R, Korakakis V, King E, et al. Aspetar clinical practice guideline on rehabilitation after anterior cruciate ligament reconstruction. Br J Sports Med. 2023;57:500-514.
  5. Anderson KD, Rask DMG, Bates TJ, Nuelle JAV. Overall safety and risks associated with blood flow restriction therapy: a literature review. Mil Med. 2022;187(9-10):1059-1064.
  6. Korakakis V, Korakaki A, Korakaki T, Karanasios S, Kotsifaki R. Trends and practices on blood flow restriction training are not largely aligned with the contemporary evidence. Cureus. 2025;17(4):e81766.
  7. van Melick N, et al. Evidence-based clinical practice update: practice guidelines for anterior cruciate ligament rehabilitation based on a systematic review and multidisciplinary consensus. Br J Sports Med. 2016;50:1506-1515.
  8. Noyes FR, Barber-Westin SD, eds. Noyes' Knee Disorders: Surgery, Rehabilitation, Clinical Outcomes. 2nd ed. Elsevier; 2017.